El primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores afirma ante la Oxford Union que los Estados prósperos están en condiciones de desempeñar un papel clave en el logro de la paz internacional
Oxford, el 07 de noviembre (QNA) – Su Excelencia Sheikh Mohammed bin Abdulrahman bin Jassim Al Thani, primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores, afirmó que los Estados prósperos, que han realizado contribuciones fundamentales a la prosperidad mundial, ocupan hoy una posición singular que les permite desempeñar un papel igualmente importante en el logro de la paz internacional, no mediante iniciativas individuales, sino a través de un enfoque colectivo, organizado y basado en esfuerzos acumulativos.
Así lo manifestó Su Excelencia durante un discurso pronunciado este sábado ante la Oxford Union, bajo el título "La prosperidad en un mundo dividido: los pequeños Estados y la redefinición del mapa de la influencia mundial", en la ciudad de Oxford.
Su Excelencia explicó que el orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial se fundamentó en la idea de que la paz no podía preservarse únicamente mediante la fuerza, y dio lugar a un sistema basado en normas, instituciones internacionales y mercados abiertos.
Señaló que más de 120 Estados se han incorporado a la comunidad internacional desde 1945, lo que ha permitido que pueblos que antes carecían de voz propia pudieran hacerse escuchar en la escena mundial. Asimismo, este orden abrió el camino para que Estados más pequeños, como Qatar, alcanzaran la prosperidad, al protegerlos de la anexión, la dominación regional y la rivalidad entre las grandes potencias, y permitirles, al mismo tiempo, desarrollar sus propios modelos económicos y abrirse comercialmente al mundo.
El primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores destacó que muchos de estos Estados no son potencias regionales ni grandes potencias mundiales y, sin embargo, han alcanzado la prosperidad mediante inversiones en sus poblaciones, infraestructuras y modelos económicos. De este modo, han adquirido relevancia internacional y se han convertido en parte integrante de la economía mundial.
Añadió que muchos de estos Estados, además de consolidar su prosperidad, utilizan su fuerza colectiva en favor de la paz y la estabilidad en todo el mundo.
"Según las clasificaciones tradicionales, los Estados se dividen en desarrollados y en desarrollo", afirmó Su Excelencia, quien explicó que estas categorías, configuradas en gran medida a partir de las perspectivas de los centros tradicionales de poder económico, no siempre reflejan los logros de los países que han seguido diferentes caminos hacia la prosperidad ni sus contribuciones a la comunidad internacional.
En este contexto, propuso una denominación diferente para un grupo determinado de Estados: aquellos resilientes, estables, prósperos y fiables que han convertido su reducido tamaño en una ventaja y se han erigido en actores destacados en favor de la paz y la prosperidad mundiales. A este grupo lo denominó "Estados prósperos".
"Nos encontramos hoy en una encrucijada en la que confluyen los conflictos, los avances tecnológicos y la reconfiguración de las alianzas geopolíticas. Estos momentos históricos solo se presentan una vez por generación, y la nuestra tiene todavía ante sí el desafío de estar a la altura de esta coyuntura", agregó.
Su Excelencia subrayó que el orden internacional surgido después de la Segunda Guerra Mundial no siempre fue justo y que sus normas tampoco se aplicaron de manera constante y coherente. Por ello, no debemos idealizar un sistema internacional en el que la fuerza ha desempeñado siempre un papel determinante.
"Sin embargo, al igual que se ha dicho de la democracia, lo mismo puede afirmarse de este orden mundial: es el peor de los sistemas, pero sigue siendo mejor que todas las demás alternativas", añadió.
Explicó que la Carta de las Naciones Unidas consagró el principio de igualdad soberana entre los Estados y el arreglo pacífico de las controversias. Asimismo, señaló que las instituciones y las normas internacionales han permitido a los pequeños Estados hacer oír su voz, proteger sus derechos y dotar de mayor previsibilidad a las relaciones internacionales.
En este sentido, destacó que dichas instituciones no han eliminado las desigualdades en el equilibrio de poder, pero sí han ampliado el margen de actuación de los pequeños Estados para adoptar decisiones independientes, alejándose de la lógica de que "la fuerza hace el derecho", que imperó durante siglos pasados.
"Sin embargo, mientras las oportunidades económicas se han globalizado cada vez más, las decisiones relativas a la paz y la seguridad internacionales han seguido concentradas en manos de unos pocos. Esto ha provocado que países indispensables para la prosperidad mundial queden, en gran medida, excluidos de las decisiones que determinan la paz y la estabilidad internacionales", señaló.
Su Excelencia explicó que la guerra que se libra actualmente en la región ha puesto de manifiesto la gravedad de este desequilibrio. Décadas de aventurismo militar, conflictos sin resolver, violaciones del derecho internacional y ambiciones de dominación regional han provocado alteraciones en el suministro de energía, amenazado rutas marítimas vitales y sumido a los mercados internacionales en una situación de incertidumbre. Advirtió, asimismo, de que incluso los Estados que no participan en estos conflictos soportan sus consecuencias económicas y en materia de seguridad.
El primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores indicó que estos acontecimientos ponen de manifiesto un desequilibrio fundamental: el mundo está cada vez más interconectado en materia de prosperidad, mientras que las decisiones relativas a la paz y la guerra siguen adoptándose de forma mucho menos colectiva que el alcance de sus consecuencias. Como resultado, los pequeños Estados se han convertido cada vez más en las primeras víctimas de conflictos en cuyo estallido no han participado.
Su Excelencia planteó la siguiente pregunta: "¿Cómo pueden los Estados que carecen de una profundidad estratégica considerable y no disponen de una capacidad coercitiva significativa contribuir a preservar el orden mundial y la paz internacional sin comprometer su soberanía ni sus intereses nacionales?".
Explicó que Qatar comprendió que su futuro no depende únicamente de los recursos de los que dispone, sino también de las capacidades que puede desarrollar y de las relaciones que puede establecer. Por ello, optó por invertir en las personas, desarrollar su economía y convertirse en un socio fiable y digno de confianza dentro de la comunidad internacional.
Añadió que las características geográficas de Qatar y la naturaleza de la economía internacional llevaron al país a comprender que su prosperidad no podía desvincularse de los conflictos regionales e internacionales. Esto lo impulsó a invertir en la facilitación de la paz y la mediación, así como a mantener canales de comunicación con partes a las que otros no siempre han podido acceder. Asimismo, señaló que las lecciones extraídas de sus innumerables esfuerzos de mediación han proporcionado a Qatar una experiencia singular y profunda.
El primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores señaló que la trayectoria de Qatar hasta la fecha es la de un pueblo que ha alcanzado la prosperidad y ha tendido la mano al mundo para compartir sus frutos. Sin embargo, Qatar se encuentra hoy en el punto de mira de campañas que promueven narrativas engañosas, así como de ataques militares perpetrados por actores que no creen que la paz sea el estado natural de la humanidad.
"Creen en un mundo regido por el principio de Hobbes, en el que el estado natural del orden internacional es el conflicto y la fuerza es la única ley. No se limitan a formular teorías al respecto, sino que trabajan activamente para convertirlas en una realidad tangible. Para ellos, el orden internacional basado en normas que nos ha protegido desde la Segunda Guerra Mundial es un orden antinatural. Debemos protegerlo precisamente de ellos", afirmó.
Su Excelencia subrayó que los desafíos a los que se enfrentan los Estados del Golfo trascienden ampliamente los límites de su propia experiencia, ya que revelan una amenaza más profunda que afecta al propio sistema internacional, a su capacidad para preservar la paz, mantener sus principios y proteger las oportunidades que han permitido a países como Qatar alcanzar la prosperidad.
Señaló que Qatar no es el único país que afronta estos desafíos, pues otros Estados prósperos también se han beneficiado de las oportunidades que ofrece un entorno internacional abierto para construir instituciones sólidas, desarrollar economías interconectadas con la economía mundial y establecer capacidades que amplíen el alcance de sus contribuciones más allá de sus fronteras.
Explicó que los Estados prósperos no pueden superar estos desafíos por sí solos ni sustituir a las grandes potencias. Sin embargo, mediante la suma de sus experiencias, capacidades económicas y redes diplomáticas, pueden contribuir a establecer un marco integral para la paz y la estabilidad mundiales y garantizar su continuidad.
Asimismo, afirmó que lograr la estabilidad en un mundo plagado de conflictos requiere una visión integral de la paz, basada en la adopción de medidas preventivas, la respuesta a las crisis y los esfuerzos encaminados a poner fin a los conflictos, al tiempo que se preservan las condiciones necesarias para garantizar una paz sostenible. Advirtió de que ignorar estas realidades provoca que la paz se erosione gradualmente y que el conflicto termine convirtiéndose en la norma.
También señaló que se plantean numerosas preguntas legítimas sobre las instituciones internacionales y el lugar que ocupan en un orden mundial en rápida transformación, en el que las agrupaciones regionales y extrarregionales intervienen cada vez más para llenar el vacío que dejan las instituciones existentes cuando no logran responder eficazmente a las crisis internacionales.
Su Excelencia afirmó que la paz y la estabilidad internacionales no constituyen un lujo para los Estados prósperos, sino que representan la base de sus respectivos proyectos nacionales. En este sentido, indicó que los mediadores de Qatar trabajan actualmente para evitar una nueva ola de escalada en la región.
Al concluir su discurso, el primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores subrayó que la responsabilidad de preservar la estabilidad no puede delegarse en otros y que tampoco debe caerse en la pasividad. La historia recuerda a quienes se limitaron a observar los acontecimientos sin intervenir, pero solo perdura la memoria de quienes tomaron la iniciativa de hacer historia y contribuir a definir su rumbo.
English
Français
Deutsch
Español
русский
हिंदी
اردو