Las elecciones presidenciales de Brasil entran en su semana decisiva
Doha, el 18 de octubre (QNA) – Brasil se prepara para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, prevista para el próximo domingo, 25 de octubre, entre el presidente saliente, Lula da Silva, y su rival, Flávio Bolsonaro, en un contexto de intensa competencia y de expectación en los mercados ante las orientaciones financieras y económicas del próximo presidente. Los electores volverán a las urnas por segunda vez este mes para elegir al dirigente que encabezará la mayor democracia y economía de América Latina durante los próximos cuatro años.
Los sorprendentes resultados de la primera vuelta pusieron de manifiesto la profunda polarización política, al situarse Bolsonaro a la cabeza con cerca del 47 por ciento de los votos, frente al 45 por ciento de Lula, sin que ninguno superase el 50 por ciento necesario para ganar. El número de electores asciende a unos 160 millones de personas, de una población total de 213 millones de habitantes.
La contienda se centra en la economía, el nivel de vida, la inflación, el poder adquisitivo y la modificación de la jornada y la semana laborales, además de la seguridad, la lucha contra la delincuencia en las grandes ciudades, la reforma del sistema de seguridad, las políticas climáticas, la protección de la Amazonia y las relaciones con las potencias internacionales y los bloques económicos regionales.
Una encuesta cuyos resultados se publicaron a mediados de octubre mostró una ventaja de Flávio, el hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, con un 46 por ciento de los apoyos frente al 44 por ciento de Lula, un resultado que constituye un empate estadístico, dado que el margen de error es de dos puntos porcentuales al alza o a la baja.
Lula intensificó sus esfuerzos para atraer a los independientes y a los indecisos y remontar la desventaja de la primera vuelta, aprovechando la aprobación por el Congreso de la reducción de la semana laboral, junto con el alivio de la carga de la deuda de los pequeños empresarios y su promesa de ofrecer transporte público gratuito durante los fines de semana. Bolsonaro, por su parte, abandonó su oposición a la reducción de la semana laboral y la respaldó poco antes de su aprobación.
La reforma constitucional, defendida firmemente por Lula, prohíbe trabajar seis días a la semana, un régimen que actualmente afecta a 16 millones de personas, y reduce el máximo semanal de 44 a 40 horas para más de 30 millones de trabajadores, concediendo a algunos de ellos un día adicional de descanso. Analistas occidentales consideran que podría representar una victoria política para el presidente de izquierdas.
Tras meses de oposición, Bolsonaro anunció el pasado martes su apoyo a la reforma porque "la mayoría de los trabajadores brasileños" la respaldaba, y el miércoles se sumó a los 75 miembros del Senado que votaron a favor, después de que la Cámara de Diputados la aprobara en mayo. Ese mismo mes había advertido de que provocaría un "desempleo masivo", un argumento reiterado por las asociaciones empresariales contrarias a la medida. Se prevé que el cambio afecte especialmente a los trabajadores con salarios bajos de los sectores del comercio minorista, la restauración y la hostelería, que figuran entre los colectivos en los que Lula ha perdido más apoyo desde su victoria sobre Jair Bolsonaro en 2022.
Las elecciones también suscitan interés mundial por la Amazonia, uno de los mayores reservorios de biodiversidad y carbono, pues el equilibrio entre su protección y su explotación para la agricultura, la minería, las infraestructuras y el desarrollo vincula la política interna brasileña con la agenda climática mundial. Lula convirtió la lucha contra la deforestación en un pilar de su política medioambiental y se comprometió a poner fin a la deforestación ilegal para 2030, mientras que la corriente bolsonarista concede tradicionalmente una mayor prioridad a la explotación de los recursos y al desarrollo económico de la región.
El próximo presidente determinará cómo gestionar estos intereses en un país que alberga la mayor parte de la selva tropical más extensa del mundo, lo que incluye la agricultura, la ganadería, la minería, las carreteras y los proyectos de desarrollo. Las discrepancias trascienden la dimensión medioambiental: para los agricultores y los productores, la Amazonia representa tierra, inversión y exportaciones; para las comunidades indígenas, tierra, identidad y supervivencia; y para los científicos y los defensores del medio ambiente, uno de los sistemas naturales más importantes para hacer frente al cambio climático.
Brasil es el mayor país de América Latina por superficie y población y aporta cerca del 31 por ciento del producto interior bruto de la región. Es una potencia económica, agrícola, medioambiental y diplomática, uno de los miembros fundadores del Mercosur, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y de la Organización de los Estados Americanos, y miembro del G20 y de los BRICS. Asimismo, es un socio económico principal de China y mantiene amplias relaciones con Estados Unidos, la Unión Europea y los países del Sur Global.
El nuevo presidente asumirá el cargo el 5 de enero de 2027 y los resultados determinarán, además de quién ocupará el Palacio de Planalto, las futuras orientaciones de Brasil. El Gobierno de Lula ha dado prioridad a la cooperación con los países del Sur Global y ha utilizado su pertenencia a los BRICS para promover un sistema internacional más plural, mientras que Bolsonaro hijo prefiere las relaciones bilaterales, especialmente con Estados Unidos, Argentina e Israel, y se ha comprometido a reevaluar la pertenencia de su país a los BRICS si gana.
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