Las elecciones presidenciales en EE. UU.: el Colegio Electoral, la llave hacia la Casa Blanca
Doha, el 01 de noviembre (QNA) – Los estadounidenses están llamados a escribir un nuevo capítulo en la historia de su país al elegir al cuadragésimo séptimo presidente de Estados Unidos. Este 5 de noviembre, los votantes acudirán a las urnas para escoger al próximo inquilino de la Casa Blanca, en una reñida contienda entre los principales aspirantes: el republicano Donald Trump, quien ya ocupó la presidencia entre 2016 y 2020, y la demócrata Kamala Harris, actual vicepresidenta en la administración de Joe Biden.
La carrera por la Casa Blanca no se limita exclusivamente a estos dos candidatos; en la contienda también figuran postulantes de partidos minoritarios. No obstante, el sistema bipartidista en EE. UU. y la estructura del Colegio Electoral hacen improbable que un candidato ajeno al Partido Republicano o Demócrata logre hacerse con la presidencia.
El desenlace de las elecciones presidenciales depende del Colegio Electoral, un sistema de votos asignados a cada estado en función de su población. Para ganar la contienda, un candidato necesita asegurar al menos 270 de los 538 votos del Colegio Electoral. Un ejemplo revelador de la influencia de este sistema es la elección de 2016, cuando Hillary Clinton obtuvo alrededor de tres millones de votos populares más que Donald Trump, con un total de 65,863,516 votos (48.18%) frente a los 62,824,984 votos de Trump (46.09%). Sin embargo, Trump fue quien accedió a la Casa Blanca al ganar en el Colegio Electoral.
Cada estado cuenta con un número específico de votos en el Colegio Electoral, determinados según su población; cada distrito congresional recibe un voto electoral, y se añaden dos votos adicionales al total de cada estado. En la mayoría de los estados y en el Distrito de Columbia, el sistema «winner-takes-all» otorga todos los votos al candidato que obtiene la mayoría popular en dicho estado. Solo Maine y Nebraska emplean un sistema proporcional: el ganador en cada distrito congresional recibe un voto, mientras que los dos votos restantes se asignan al ganador a nivel estatal.
Este mecanismo también explica la victoria de George W. Bush sobre Al Gore en las elecciones de 2000, pese a que Gore obtuvo más votos a nivel nacional.
Los integrantes del Colegio Electoral emiten su voto aproximadamente un mes después de las elecciones, y estos resultados son certificados por el Congreso a principios de enero. Es entonces cuando el presidente electo es proclamado oficialmente y asume el cargo en la ceremonia de investidura.
Este año, millones de estadounidenses habrán ejercido su derecho a voto a través de diferentes modalidades, como el voto por correo o el voto anticipado en persona. Esta flexibilidad busca facilitar el acceso de los ciudadanos y evitar aglomeraciones en la jornada electoral. Todos los estados –excepto Misisipi, Nuevo Hampshire y Alabama– ofrecen voto anticipado en persona, y algunos permiten a los votantes solicitar un «voto en ausencia», que pueden entregar en un centro electoral antes de la jornada electoral. En catorce estados, se requiere una justificación específica para emitir un voto por correo, como problemas de salud o conflictos laborales. Ocho estados operan exclusivamente mediante el voto por correo, enviando papeletas a todos los votantes registrados. La ley federal obliga, además, a enviar papeletas por correo a militares y votantes en el extranjero.
El sistema electoral estadounidense sigue un ciclo específico: cada cuatro años se elige al presidente; los miembros de la Cámara de Representantes (la primera cámara del Parlamento) se eligen cada dos años, y los senadores, cada seis años, renovándose un tercio de sus escaños cada dos años.
Las elecciones pasan por cuatro etapas fundamentales. La primera es la fase de primarias, en la que los candidatos de cada partido compiten para ganar el mayor número de delegados en las primarias estatales, que se reunirán en las convenciones nacionales para decidir el candidato definitivo de cada partido. En la segunda etapa, las convenciones nacionales, cada partido oficializa a su candidato, quien generalmente selecciona a su compañero de fórmula para la vicepresidencia. En estas convenciones, los miembros de cada partido provenientes de todos los estados de EE. UU. se congregan acompañados por los delegados ganadores, portando pancartas de apoyo a sus candidatos.
La tercera fase, las campañas electorales, es crucial para consolidar apoyos, especialmente en los estados indecisos o «campos de batalla» como Pensilvania, Carolina del Norte, Michigan, Nevada, Wisconsin, Arizona y Georgia. Aquí, los candidatos intensifican sus esfuerzos, conscientes de la influencia determinante de estos estados. En estas semanas finales de la campaña, los candidatos buscan ganar el respaldo de los votantes en aquellos estados tradicionalmente disputados, mientras que en los estados históricamente fieles a cada partido, conocidos como estados rojos o azules, los candidatos suelen reducir sus esfuerzos de campaña.
La última etapa es la jornada electoral. En esta fecha, los ciudadanos acuden a las urnas, aunque la elección final del presidente recae en los miembros del Colegio Electoral, cuya cantidad de votos es equivalente al número de representantes y senadores federales de cada estado. Cada candidato que obtiene la mayoría en un estado se lleva todos los votos del Colegio Electoral correspondientes, y una vez que un candidato logra la mayoría en el Colegio Electoral, los votos de este organismo se certifican y se transmiten al presidente del Senado.
El 20 de enero del año siguiente, en una sesión solemne del Congreso, el presidente del Senado da lectura oficial a los resultados y, tras la ceremonia de investidura, el nuevo presidente toma posesión de su cargo en la Casa Blanca, según lo establecido en el artículo 20 de la Constitución de EE. UU., enmendado en 1933.
En caso de que ningún candidato alcance la mayoría de 270 votos en el Colegio Electoral, la Cámara de Representantes elige al presidente mediante votación, en la que cada estado cuenta con un solo voto. En paralelo, el Senado selecciona al vicepresidente.
Si Kamala Harris resulta elegida, hará historia como la primera mujer presidenta de Estados Unidos. Si Donald Trump es el vencedor, se convertiría en el segundo presidente en la historia del país en cumplir dos mandatos no consecutivos.
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