Dos expertos señalan que la seguridad energética requiere superar el modelo tradicional y construir un sistema flexible y de múltiples rutas
En declaraciones a la QNA
Doha, el 28 de marzo (QNA) – Las tensiones en Oriente Próximo proyectan su sombra sobre los mercados globales, en un contexto de aceleradas transformaciones geopolíticas y económicas, lo que hace de la seguridad energética uno de los pilares fundamentales del equilibrio internacional.
El concepto de seguridad energética ya no se limita únicamente a la abundancia de recursos o a la capacidad de producción, sino que se vincula estrechamente con la flexibilidad de los sistemas energéticos, su integración y su capacidad de adaptación ante crisis.
Partiendo de esta importancia, dos expertos ofrecieron en declaraciones a la Agencia de Noticias de Qatar (QNA) perspectivas y análisis que podrían ayudar a enfrentar la crisis en el transporte de fuentes de energía desde los lugares de producción hasta los consumidores en diversas partes del mundo, evitando que la economía internacional sufra un impacto que frene incluso los niveles de crecimiento más optimistas.
Los expertos coinciden en que el verdadero desafío que enfrentan hoy los países productores no se limita a la capacidad de generar energía, sino que reside en su capacidad de entregarla de manera segura y continua. Señalaron que los países que liderarán la próxima etapa serán aquellos que logren transitar del modelo tradicional de “producción y exportación” a un modelo de “sistema flexible de múltiples rutas”, capaz de operar incluso en los peores escenarios, convirtiendo la flexibilidad anticipatoria en una nueva fuente de poder geopolítico y económico simultáneamente.
En declaraciones a la QNA, el ingeniero Nasser Jaham Al Kuwari, experto en petróleo y gas, afirmó que la región de Oriente Próximo, encabezada por el Estado de Qatar, se sitúa en el corazón de esta ecuación, no solo como fuente principal de energía, sino como socio esencial para garantizar la estabilidad de los mercados globales.
Al Kuwari señaló que las experiencias recientes, especialmente durante las crisis mundiales en el sector energético, demostraron que los mercados no necesitan solo grandes proveedores, sino proveedores confiables incluso en las condiciones más difíciles, destacando a Qatar como un modelo avanzado que combina eficiencia operativa con visión estratégica a largo plazo.
Qatar se posiciona hoy como uno de los actores más importantes en el mercado de gas natural licuado, con una producción de 77 millones de toneladas al año, y se espera que alcance 142 millones de toneladas en los próximos años, representando una proporción significativa del comercio global en este sector.
El papel de Qatar no se limita al volumen de producción, sino que también se extiende a un elemento crucial: la alta fiabilidad en el suministro y el cumplimiento de contratos a largo plazo, lo que la convierte en un socio preferente para las principales economías de Asia y Europa.
Al Kuwari agregó: “A pesar de la abundancia de recursos hidrocarburíferos en la región, esta enfrenta desafíos crecientes en términos de seguridad de suministro. La dependencia de gran parte de las exportaciones energéticas de corredores marítimos sensibles, como el estrecho de Ormuz, coloca estos suministros bajo la influencia de tensiones geopolíticas. Además, el rápido crecimiento de la demanda local de energía, impulsado por la expansión urbana e industrial, ejerce presión adicional sobre los sistemas energéticos nacionales”.
En este sentido, el experto destacó que la inversión en infraestructura es un factor decisivo para reforzar la seguridad de los suministros, ya sea mediante el desarrollo de instalaciones de almacenamiento, la modernización de redes eléctricas o la incorporación de tecnologías inteligentes que permitan una gestión más eficiente de la demanda y las cargas. La seguridad energética ya no depende únicamente de la producción, sino de la capacidad del sistema en su conjunto para responder con rapidez a los cambios.
Al Kuwari añadió que asegurar las cadenas de suministro es igualmente crítico, especialmente en una región que depende ampliamente del transporte marítimo, lo que exige diversificar las rutas de exportación y fortalecer la preparación de puertos e instalaciones vitales, garantizando la continuidad de los flujos incluso en tiempos de tensión.
Subrayó la importancia de adoptar modelos contractuales flexibles que combinen contratos a largo plazo, que proporcionan estabilidad, con la capacidad de aprovechar el mercado spot, ofreciendo así mayor flexibilidad en la gestión de los suministros.
A nivel regional, resaltó la relevancia de fortalecer la cooperación entre los países del Golfo, mediante proyectos de interconexión eléctrica e intercambio de energía en situaciones de emergencia, contribuyendo a construir un sistema de seguridad energética colectivo más sólido y sostenible. Además, consideró que mejorar la eficiencia en el consumo energético es una herramienta clave para reforzar la seguridad energética, ya que reduce la presión sobre los recursos y aumenta la capacidad de los países para destinar excedentes a la exportación o a usos estratégicos.
Al finalizar sus declaraciones a la QNA, Al Kuwari indicó que los desafíos del sector energético exigen redefinir la noción de seguridad energética, que ya no se limite a la abundancia de recursos, sino que abarque la capacidad de adaptación, respuesta y sostenibilidad, señalando que la oportunidad de Qatar y de los países de Oriente Próximo reside no solo en mantener su posición como fuente principal de energía, sino en transformarse en centros globales de energía integrada, combinando producción tradicional, tecnologías modernas y soluciones sostenibles.
Por su parte, en declaraciones a la QNA, el Dr. Omar Khalifeh Gharaibeh, profesor de Finanzas en la Facultad de Negocios de la Universidad Al al-Bayt en Jordania, señaló que el riesgo de seguridad energética ya no está vinculado únicamente a la producción, sino que depende de todo el sistema, incluyendo producción, transporte y exportación, así como de la capacidad de respuesta rápida ante crisis, en un contexto de riesgos geopolíticos, amenazas a corredores vitales, instalaciones petroleras, producción y refinerías.
Gharaibeh indicó que este enfoque requiere crear rutas alternativas, ampliando la dependencia de oleoductos terrestres que eviten el estrecho de Ormuz, trasladando petróleo y gas a puertos en el mar de Arabia y el Mar Rojo, lo que genera puertas de exportación alejadas de cuellos de botella geopolíticos. Además, propone desarrollar puertos de exportación fuera de puntos congestionados y reforzar la integración de redes de oleoductos regionales, no como una red alternativa única, sino como una “red flexible de múltiples rutas” capaz de redirigir flujos dinámicamente.
Gharaibeh sugirió adoptar un modelo de “descentralización operativa” como estrategia indispensable, distribuyendo instalaciones de procesamiento y almacenamiento geográficamente, en lugar de concentrarlas en sitios limitados y de alto riesgo, para evitar que un punto débil se convierta en un colapso general. También recomendó unidades de licuefacción y procesamiento móviles o modulares, permitiendo la continuidad operativa incluso en emergencias y una rápida reubicación según amenazas, junto con capacidades de mantenimiento y reinicio rápido, reduciendo el tiempo de inactividad de días a horas, lo que marca una diferencia crucial en tiempos de crisis.
Subrayó que la protección de instalaciones petroleras ha dejado de ser una cuestión de seguridad tradicional, transformándose en ingeniería defensiva avanzada, integrando sistemas de defensa aérea y ciberseguridad con sistemas energéticos críticos en un diseño unificado, y utilizando inteligencia artificial para prever ataques o fallas operativas, mediante análisis de patrones de amenazas y comportamientos anómalos, y la creación de centros de operaciones unificados que conecten energía, defensa, ciberseguridad e interior, para respuestas instantáneas y coordinadas.
En cuanto a la continuidad de los flujos hacia los mercados globales, Gharaibeh destacó que las estrategias modernas recurren a “reservas externas” como herramienta de flexibilidad, almacenando petróleo y gas en instalaciones externas cercanas a mercados consumidores en Asia y Europa, funcionando como reservas estratégicas avanzadas confiables ante interrupciones, y firmando acuerdos de almacenamiento compartido con socios internacionales, transformando el stock de una carga nacional en un instrumento común de seguridad de suministro y distribuyendo riesgos de manera más eficiente.
Al concluir sus declaraciones a la QNA, Gharaibeh enfatizó que, ante un escenario de creciente incertidumbre, los contratos flexibles y las asociaciones estratégicas a largo plazo se convierten en herramientas esenciales de estabilidad, permitiendo redirigir cargamentos rápidamente entre mercados según crisis, mitigando impactos mediante mecanismos de precios y suministro previamente acordados, y asegurando la continuidad del comercio incluso con interrupciones en rutas tradicionales, preservando la reputación de los países productores como proveedores confiables.
Se espera que la seguridad del suministro energético dependa en el futuro de la capacidad de los países para establecer sistemas energéticos flexibles e integrados capaces de enfrentar crisis y adaptarse a cambios, y Qatar cuenta con los recursos necesarios para continuar desempeñando un papel central, no solo en el abastecimiento de energía al mundo, sino en la estabilidad y resiliencia a largo plazo de este sector estratégico.
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