El QNB: El entorno macroeconómico sigue siendo positivo para los mercados emergentes en 2026
Doha, el 31 de enero (QNA) – El Banco Nacional de Qatar (QNB) afirmó que el marco macroeconómico mundial para 2026 continúa siendo favorable para los activos de los mercados emergentes, pese a la volatilidad actual. El banco subrayó la creciente importancia de una selección cuidadosa de las inversiones, especialmente en un contexto en el que un nuevo ciclo de inversión global coincide con condiciones monetarias favorables y un posible reequilibrio de las carteras. Estos factores sitúan a los activos de los mercados emergentes en una posición sólida para registrar un rendimiento positivo y, potencialmente, superar a sus homólogos de las economías avanzadas durante el próximo año.
En su comentario semanal, el QNB señaló: “Tras un prolongado periodo de bajo rendimiento, 2025 marcó un punto de inflexión significativo para los activos de los mercados emergentes (EM). Las fuertes entradas de capital, la mejora de las condiciones macrofinancieras y un entorno mundial más favorable permitieron que las acciones de los mercados emergentes superaran a los activos de Estados Unidos y otros mercados avanzados por primera vez en varios años. Según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), las entradas de cartera en los mercados emergentes se aceleraron hasta alcanzar los 223 000 millones de dólares en 2025, lo que respaldó una rentabilidad total superior al 34 % en las acciones de estos mercados. Este repunte estuvo impulsado por la debilidad del dólar estadounidense, la relajación de las condiciones monetarias mundiales y el crecimiento resiliente de varias grandes economías emergentes”.
El banco añadió: “De cara al futuro, consideramos que 2026 probablemente será otro año constructivo para los activos de los mercados emergentes. Si bien los riesgos idiosincrásicos siguen siendo elevados y la dispersión entre países persistirá, el entorno macroeconómico mundial continúa generando sólidos factores de apoyo a favor de una mayor asignación a los mercados emergentes. A nuestro juicio, existen tres fuerzas globales especialmente relevantes”.
“En primer lugar, el ciclo global parece estar girando de una manera que, históricamente, ha favorecido a los mercados emergentes. Tras un periodo de desaceleración sincronizada y lo que muchos analistas describieron como una “recesión manufacturera”, las principales economías comienzan a mostrar los primeros indicios de una recuperación cíclica. Al mismo tiempo, se acumulan señales del inicio de un nuevo ciclo de inversión intensivo en capital, respaldado por potentes tendencias estructurales, entre ellas el rápido despliegue de tecnologías de inteligencia artificial, el aumento de la competencia geopolítica en sectores estratégicos, la reactivación del gasto en infraestructuras y la aceleración de la transición hacia las energías verdes”.
El QNB explicó que estas fases de crecimiento con alta intensidad de capital han sido tradicionalmente favorables para los mercados emergentes a través de diversos canales, ya que suelen respaldar la demanda de materias primas y bienes intermedios, mejorar los términos de intercambio y aumentar los ingresos por exportaciones. Asimismo, incrementan el apetito global por el riesgo y fomentan los flujos de capital transfronterizos hacia mercados no tradicionales. Destacó que muchas grandes economías emergentes afrontan esta fase con fundamentos macroeconómicos relativamente sólidos, marcos de política creíbles y, en varios casos, tipos de interés reales positivos, lo que contribuye a reforzar la confianza de los inversores.
“En segundo lugar, la dinámica de los tipos de cambio y de los tipos de interés sigue siendo, en general, favorable para los activos de los mercados emergentes. A pesar de su reciente depreciación, el dólar estadounidense continúa sobrevalorado según los indicadores estándar del tipo de cambio real. Las fuerzas estructurales, incluidos los esfuerzos por reequilibrar la economía estadounidense y reducir los déficits externos, apuntan a una presión persistente sobre el dólar a medio plazo. Un dólar más débil reduce el riesgo cambiario para los inversores extranjeros, alivia la carga del servicio de la deuda en los mercados emergentes y disminuye las primas de riesgo en toda la clase de activos”.
“De forma paralela, la política monetaria de las economías avanzadas se orienta hacia una mayor acomodación. Las valoraciones del mercado y las previsiones consensuadas apuntan a una flexibilización adicional por parte de la Reserva Federal, con una expectativa de descenso del tipo de interés oficial hasta alrededor del 3 % a finales de 2026. Los menores rendimientos en Estados Unidos reducen el coste de oportunidad de invertir en activos de los mercados emergentes y tienden a estimular las operaciones de carry trade en divisas emergentes con mayores rendimientos. Esta dinámica ya se observó en 2025, con entradas concentradas en países que ofrecen tipos reales elevados y marcos de política creíbles, como Brasil, México, Indonesia y Sudáfrica”.
“En tercer lugar, el posicionamiento general de los inversores sugiere que el reequilibrio de las carteras podría favorecer una mayor asignación de capital a los mercados emergentes. Durante la última década, las carteras globales se han concentrado de manera significativa en activos estadounidenses, reflejando un prolongado periodo de desempeño superior de la economía de Estados Unidos, los sólidos rendimientos de su mercado bursátil y el papel central de los bonos del Tesoro estadounidense en las finanzas mundiales”.
El QNB indicó: “Como resultado, muchos inversores globales mantienen una sobreponderación estructural de los activos estadounidenses, mientras que las asignaciones a los mercados emergentes siguen siendo relativamente bajas. Por ejemplo, el peso de las acciones estadounidenses en el índice MSCI All World alcanza el 64 %, muy por encima de la participación del país en el PIB mundial, que se sitúa en el 26 %. En contraste, el peso de las acciones de los mercados emergentes es de solo el 11 %, a pesar de que estas economías representan el 41 % de la actividad económica mundial”.
“Esta concentración genera riesgos y oportunidades asimétricos. Incluso ajustes relativamente modestos en la asignación global de activos, como reducciones marginales de la exposición a Estados Unidos con fines de diversificación o gestión del riesgo, podrían traducirse en flujos de capital significativos hacia clases de activos infraasignadas, incluidos los mercados emergentes. Cabe destacar que ello no requiere una visión negativa sobre los activos estadounidenses, sino más bien una normalización de las ponderaciones de las carteras tras un prolongado periodo de predominio estadounidense. Los activos de los mercados emergentes se perfilan como beneficiarios naturales de este reequilibrio, al ofrecer diversificación, mayor potencial de crecimiento y, en muchos casos, valoraciones más atractivas que las de las economías avanzadas”.
El QNB concluyó: “En definitiva, aunque la volatilidad y la selectividad seguirán siendo características definitorias de la inversión en los mercados emergentes, el entorno macroeconómico de cara a 2026 continúa siendo favorable para esta clase de activos. El ciclo de inversión global, la dinámica positiva de los tipos de cambio y de interés, así como el reequilibrio estructural de las carteras, apuntan a una entrada sostenida de capital en los mercados emergentes. En este contexto, esperamos que los activos de estos mercados sigan bien posicionados para registrar otro año de sólido rendimiento y una posible superación de los mercados avanzados”.
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